lunes, 5 de octubre de 2009

Alta Voz

Nadie puede negar que el altavoz de los celulares es el peor invento ever: otro ejemplo de la inteligencia y la ciencia aplicadas al mal.  Todo empezó con los nextel y esas conversaciones enteras que tuvimos que escuchar a nuestro pesar.  Si en algún momento lográbamos apartar nuestra atención del diálogo ajeno (quizás mediante la aplicación de ejercicios de meditación o programación neurolingüística), ésta era nuevamente movilizada, ya sea debido al alto volumen del aparatejo (obligado por la baja calidad de transmisión) o al llamativo PPRRIIIPP que coronaba cada frase.
Pero eso no fue suficiente; tuvieron que ir por más. (Y con "tuvieron" me refiero, por supuesto, a gente de la calaña de The Axis of Evil, o quizás Kaos).  Ahora no sólo tengo que escuchar las conversaciones: también tengo que escuchar la música.
No nos confundamos: no estamos hablando de buena música o mala música.  Me da lo mismo si es reguetón, electrónica o bossa nova: no me interesa escuchar música ajena, en baja calidad, en un medio de transporte público.
Pero tampoco quiero hacer un post indignado (aunque hasta ahora me vino saliendo bastante bien).  Lo que quiero es que alguien me ayude a pensar si realmente tenemos algún tipo de sustento para reclamarle a las personas portadoras de altavoz, que lo apaguen.  Obviamente esto viene a que ayer me encontré en una situación de este tipo en el colectivo; era un viaje largo y estuve a punto de pedirles amablemente a los muchachos que lo apagaran.  Pero, hélas, no encontré ningún buen argumento (bueno "filosóficamente", quiero decir).  En realidad, con el mismo derecho alguien podría pedirme que deje de conversar con mi acompañante, o simplemente que deje de estar ahí.  Se trata del viejo truco del uso del espacio público (y no, no es como el cigarrillo: no es perjudicial para mi salud - aunque, entre nos, creo que ciertas músicas sí lo son).
¿Se puede reclamar con sustento a una persona que apague su altavoz? ¿Es posible hacerlo yendo algo más allá del "me molesta tu música"? ¿Tengo derecho a un viaje no musicalizado? 
¿O deberé comprar adaptadores miniplug al por mayor y repartirlos gratis, para que la gente pueda compartir su música, pero usando auriculares?

13 comentarios:

  1. Me voy a poner todo lo políticamente correcto que puedo y voy a decir: desde donde lo veo yo, contaminar de barullo un ambiente no es muy distinto de contaminarlo con humo. A mí me joden (y cómo me joden) los que escuchan música, porque estuve todo el día con la atención centrada en una o varias cosas, y tengo la mente muy agotada para escuchar ese concierto para piano en si bemol menor. Tengo solo una cierta cantidad de atención que puedo prestar sin que se me trabe la bolita.

    De todos modos tampoco es que vivo en Copetonas o en Micaela Cascallares y puedo disfrutar de algún tipo de verdadera paz, pero el ruido de la calle no califica como "atrapa toda tu atención", y por eso lo prefiero sobre ese ensamble de latin jazz que el sujeto se empeña en hacerme escuchar sobre el colectivo.

    Luego, la decisión de si la derecha la tenés vos o la tiene esa señora cuarentona que no para de escuchar temas de Ricardo Arjona, solo queda suelta al sentido común. Se puede apelar al bien comunitario e imaginarnos: si yo me meto con un violín arriba del bondi y no solo los aturdo a todos, sino que también (haciéndolo) invado su espacio más personal e interior interrumpiendo sus pensamientos.. no es abusivo?

    Para mí sí.

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  2. El problema es que los argentinos no sabemos convivir ni entre nosotros mismos, el hecho de usar los altavoces a alto volumen en el transporte público es una de las miles de muestras de mala educación o desinterés por los derechos de los demás.
    Tan solo se resuelve con unos auriculares que de hecho son provistos mayormente con la compra del equipo.
    Tampoco es buena idea hacerles una guerra de gustos musicales porque empeoras la situación y te pones a la altura de un mono siguiendoles la corriente.
    Ni que hablar de la tormenta de insultos que te profieren si les llamas la atención pidiendoles que aunque mas no sea bajen el volumen.

    Chicos, yo tambien estoy repodrido de escuchar cuarteto de mal gusto, pero no hay normativa que impida la contaminación sonora.

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  3. hay quienes andan con "tapaorejas", son como los viejos auriculares, grandes, redondos que abarcan tooooda la orejita pero no se enchufan a nada; simplemente te protegen de los ruidos molestos. Sólo una sugerencia... ya que hablar, discutir, pelear... será totalmente en vano y, además, frustrante. Salú

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  4. Me voy a animar a esbozar un perfil de aquellxs que nos someten a la tortura de escuchar su música: en general son jóvenes (adolescentes o adolescentes tardíxs) y están en grupo. De esto surgen (a mi parecer) dos cuestiones: por un lado, en general hay un intento de estxs jóvenes de democratizar su música, de compartir con lxs suyxs esas maravillas que guarda su celular; pero, por otra parte, este acto en principio generoso, resulta en una absoluta y deliverada imposición sobre el resto.
    Probablemente hoy, pedirle a alguien que baje su música se vería como una falta de tolerancia. Pero, al mismo tiempo, creo que en algún punto juega el miedo de que esa persona ya haya cometido un acto de atropello a tu libertad.
    Lo vano de mi esfuerzo es que no logro llegar a la conclusión de si es más violento obligar a todxs a escuchar tu música o pedirle a la persona portadora del altavoz que censure su expresión musical.

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  5. Atino a responder:
    Mada: a) me encantan las piezas musicales que elegiste de ejemplos b) ¿Copetonas y Micaela Cascallares son localidades realmente existentes?
    Orkus: estoy 99,9% segura de que no es un fenómeno meramente nacional; lo que sí caracteriza tu situación particular es la cordobesía y por lo tanto la altísima proporción de cuarteto en tu geografía. Lo siento mucho.
    Morocha: no pensé en pelear; si no es posible una conversación tranquila, ni se lo planteo. Las tapaorejas las frecuento en el taller y quizás extenderlas al resto de la vida sería como talking shop?
    Casiopea creo que tenés LA CLAVE DE TODO. Cuál de las dos cosas es más violento es la pregunta. Y tu descripción del individuo altoparlanterx es atinadísima.

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  6. Ay, las antinomias... ¿Cuartetazo o Bach? ¿Frutilla o chocolate? ¿Laica o libre? ¿Redondos o Soda?
    Me parece, Moira, que has dado con un tema que muestra los límites cosméticos del pensamiento políticamente correcto. Límites que me recuerdan a Bette Davis interpretando a Baby Jane (http://indiana.bilerico.com/2009/05/bette_davis_and_joan_crawford_in_whatever_happened_to_baby_jane_trailer.jpg).
    ¿Por qué podemos agarrárnosla —o, si se prefiere, someter a consideración— qué hacer con los pibes que contaminan el espacio público con chingui-chingui o punchi-punchi? ¿Por qué permitirnos la pregunta respecto de ellos y no del payasito solidario que me putea porque no lo saludo ni canto con él ni me río de sus chistes? ¿Por qué no nos cuestionamos al que se subió con el bombo legüero y batió el parche durante infinitos 2’30” antes de pasar la gorra?
    Para mí, el viaje en bondi (junto con el lavado de dientes y la aplicación de la crema de enjuague) es un momento de reflexión que valoro inmensamente. Pero cuando el chequechén-chequechén me hace evocar a Sledge Hammer (http://www.youtube.com/watch?v=eea_mXcXxx4), intento recordar que muchos de esos pibes —quizás— están volviendo después de diez horas de desplegar su creatividad y talento en el depósito de un chino. Y la pequeña burguesita que hay en mí se ruboriza de su impúdico ombliguismo.
    A mi tampoco me gusta la musicalización compulsiva. Ni el payasito solidario. Ni radio 10 o Ari Paluch sintonizados por el fercho. Tampoco muchos temas de Spinetta. Pero no quisiera disfrazar mi gusto de ejercicio de un derecho.

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  7. Te voy a decir una cosa: no hay nada que puedas hacer con quienes musicalizan el colectivo, porque precisamente ellos carecen de Superyo, al menos en lo que a este tema respecta. Si les decís algo, nada bueno vas a tener como respuesta, porque dentro de su psique ellos tienen un motivo para que escuches su música (por supuesto ellos no lo saben). Claro que es el caso por caso, pero me atrevo a arriesgar que es un modo de imponer "algo", cuando siempre hay "algo" que se les impone a ellos. Sería una manera de resolver un conflicto.
    Esto no quiere decir que no me genere impulsos violentos cuando a la fuerza tengo que escuchar Damas Gratis (porque sinceramente nunca escuché un altavoz con punchi ni otro rubro musical) pero entiendo que hay injusticias en este mundo, y si la que me toca a mi en ese momento es fumarme la música de otro, ok, lo tolero. Ese chico podría resolver su propia injusticia robándome la cartera.
    Puedo estar equivocada y que sólo sea gente desconsiderada. O que sean las dos cosas. Pero como superyo, no le diría nada, ya que fomentaría la violencia de la contraparte.

    PD: Moiris acabo de anoticiarme de la existencia de tu blog. BUENISIMO.
    Colgada yo?

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  8. La única alternativa que encuentro a este problema es colgarse a los auriculares del mp3 propio: la música se mata con más música y, por lo menos, escuchamos la que nos gusta.

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  10. Así es, mmmoira, Copetonas (1100 habitantes más o menos) y Micaela Cascallares (600 y pico habitantes) existen; están en el partido de Tres Arroyos (hay un partido de Tres Arroyos, donde hay una ciudad llamada Tres Arroyos).

    Saludos cordiales

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  11. La única reflexión que se me ocurre (y que suelo verbalizar cuando encuentro a alguno de estos infradotados) es: 50 años de desarrollo tecnológico para volver a la spika!

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  12. Anne, ¡bienvenida a bordo! Un gusto tenerla aquí, después de tanto leer su blog :)
    Mada, me ofende. Reconozco desconocimiento total respecto de Copetonas y de Micaela Cascallares (y me pareció más entretenido preguntarle a ud. que simplemente guglearlo), ¡pero ciertamente conocía la existencia de Tres Arroyos! pfff please" :)
    Claudio, buen punto. Claramente estamos ante otro fenómeno de desarrollo tecnológico a contramano de lo que quiere la gente (¡en este caso, compartir y ostentar su música!).

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  13. Supuesta Cita de Abraham Lincoln "Mi derecho de agitar el puño con furia termina donde empieza su nariz." Es decir, mi libertad de "expresión", si se quiere, termina en el momento que afecta a otro. Ergo, tu musiquita se termina cuando entra dentro de mi capacidad auditiva:
    - "Disculpame, ¿podés hacer de modo de no oprimir mi libertad auditiva, apagando la música?"
    - "Nene, ponete auriculares."
    - "No quiero escuchar tu música."

    Obviamente, siempre por favor y gracias. Sólo porque el otro sea un energúmeno irrespetuoso no tenemos que serlo nosotros también.

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Mis superyoes dicen