sábado, 10 de octubre de 2009

Corazón de sandía


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bodega de sandias


Cuando yo era peque, llegaba el verano y empezábamos a consumir sandía en cantidades industriales.  Cada vez que llegaba alguien de hacer las compras y traía una, la tirábamos en la pileta, y ahí se quedaba flotando hasta que la pescábamos con la red esa de sacar las hojas.  La poníamos en una bandeja grande, la cortábamos en gajos, y a comer.  Lo bueno de comer sandía en un jardín (o al menos en el mío), era que se podía chorrear todo y escupir las semillas en el pasto sin temor de ser mal visto.
Nunca me pregunté por qué poníamos la sandía en la pileta, simplemente era algo que se hacía.  Como cuando uno va a pasar por un lugar bajito, y agacha la cabeza: llega la sandía, y la tirás en la pileta.
Tampoco me pregunté nunca qué haría la gente que no tenía pileta.  Yo tenía, mi prima que vivía enfrente también, y supongo que a eso se limitaba mi horizonte de mundo.
Una vez, ya pasada la adolescencia, me invitaron a pasar unos días en una quinta cerca de La Plata.  Hacía mucho calor, y en algún momento de la estadía alguien agarró el auto y volvió con, entre otras cosas, una sandía.  Ayudé a bajar las compras del auto, y por supuesto apenas detecté la presencia sandial, dije "la llevo a la pileta", como quien dice "retiro los platos" (buena voluntad de quien quiere quedar bien con la familia anfitriona).  Nadie entendió demasiado bien, pero tampoco me contradijeron: fui hasta la pileta, y la tiré.  Más tarde llegó la hora del postre, y fui a pescarla.  Me preguntaron por qué la había llevado allá por empezar, y no supe qué contestar.  ¿Por qué puse la sandía en la pileta? ¡Qué se yo! ¿Por qué ponés el aceite abajo de la mesada? ¿Por qué guardás las valijas en el placard? ¿Por qué las velas arriba de la heladera?  Son cosas que simplemente se hacen así
Durante años lo había hecho sin preguntarme el motivo.  Supongo que estando en Buenos Aires, nunca había comprado sandía entera (difícil de liquidar, cuando ya no se tiene una familia gigante) (aunque sobre todo creo que me incomodaba eso de no tener el pasto que permita libertad de enchastre).
Ante ese cuestionamiento, reconstruí la historia e imaginé que habría sido un recurso de padres hartos, para entretener a su prole necesitada de estímulo.  Tirar la sandía, hacerla rodar, usarla de flotador, pescarla después, era todo una treta para mantenernos ocupados de manera sana y económica.  La explicación cerraba por todos lados, y la tomé como verdadera.


Hasta que tiempo después, estando en el departamento de no sé quién, alguien llegó con una sandía entera.  Yo no sabía qué hacer (nuevamente, se jugaba mi buena voluntad de huésped, pero era un departamento sin pileta ¿?).  Mi desazón era total.  Mi estado de desorientación se vio interrumpido poco después, cuando algún porteño expeditivo que compartía la velada  tomó la sandía y - luego de un monumental reacomodamiento de  contenidos, estantes y divisores - la puso en la heladera .

¡¡¡¡¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh boloooooooooooooo!!!!!!!!
Ese día entendí: poníamos la sandía en la pileta, para que mantuviera el frío.

{moralejas: 
1) la infancia es divertida hasta que empezás a entenderla. 
2) aprender a vivir en la ciudad lleva mucho tiempo}



4 comentarios:

  1. Creo que las frutas traen muchos recuerdos. Para mi, la naranja me retrotrae a cuando era pequeña, iba a la casa de mi abuela y, tras unos ñoquis deliciosos, me daba una naranja con un agujero en el medio de postre para que yo chupe hasta el cansancio. Sino me rallaba manzana en esos ralladores de plástico de color verde. Lo cual es bastante contradictorio porque la naranja-postre implicaba mucho esfuerzo y la manzana rallada todo lo contrario. Como te decía en el facebook, la sandía para mí siempre va a estar unida a la imagen de mi tortuga trepada sobre un pedazo de sandía y comiendo como desesperada todo la pulpa rojiza. Lo más lindo era ir al patio una vez que había terminado porque -no era tonta mi tortuga - dejaba las semillitas negras desparramadas por el piso y la piel verde, ya sin pulpa, con forma de sonrisa.

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  2. Hacia el final del post la pileta tomó sentido.

    Yo tengo asociada la idea-de-sandía a la idea-de-verano (que se compone de idea-de-pileta y idea-de-no-colegio), particularmente con sandía en el patio de la casa de mi abuela, junto a la pileta, durante el verano. No metía la sandía en el agua pero es lo más cercano que tengo.

    Como otra referencia a la sandía tengo un sueño de hace un tiempo, en que unos amigos ponían muy en evidencia lo inútil que soy para pelar frutas.

    Ese es todo el material que he podido recolectar con respecto a las palabras clave: fruta, verano, sandía, pileta, sueño, pelar fruta, mandar fruta

    Este es el peor comentario de la historia

    saludos cordiales
    -mariano

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  3. que lindo post Moira! una ternurita
    quiero una infancia en el campo!

    Anne.

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  4. Yo, como citadino que se precie., nunca tuve sandías en la pileta, pero de una me imaginé que tendría que ver con la capacidad termoconductiva del agua (si habremos puesto latas y botellas en el agua para enfriar). Así que, una vez más, o la trama es muy predecible, o yo soy muy groso...

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Mis superyoes dicen