jueves, 11 de marzo de 2010

Así cualquiera

Hoy, una vez más, las personas a cargo de legislarnos han recurrido a la vieja treta de "no bajar al recinto" para evitar dar quórum, y así obligar a la suspensión de una sesión escabrosa hasta nuevo aviso.  Más allá de la evaluación ética de esta estrategia - que intuyo no sería del todo favorable - me quedé pensando una cosa...

Qué bueno sería que en la propia vida contáramos con este recurso a la hora de tomar decisiones.  Podríamos una y otra vez "no bajar al recinto" de nuestro cerebro, quedarnos descansando en un brazo, una rodilla o un riñón, para evitar esas decisiones tan difíciles que a veces se nos plantan delante - prepotentes y arrogantes ellas, justamente por saberse necesarias.  
¿Lx dejo o no lx dejo? ¿Renuncio al trabajo ya, sigo hasta encontrar otro, o me quedo acá para siempre? ¿Me busco un departamento más barato y buenoporconocer o me quedo en este, maloconocido? ¿Le digo eso que siempre estuve pensando o mejor me lo guardo para no causar polémicas?  Ante todas estas situaciones, y ante la posibilidad de "una decisión desfavorable", podríamos simplemente no dar quórum, dejar plantadas a las pobres neuronas con sentido de la responsabilidad (las neuronas de la oposición, seguramente: nada menos que el superyo), y seguir panchos nuestro curso de vida in-decisional.  Y dado que la práctica estaría permitida y oficializada, no tendríamos que lidiar con esas molestias de la culpa, la ansiedad o la angustia que vivimos actualmente cuando procrastinamos.  (Nadie dice "tuvieron un caprichito y no fueron a trabajar": dicen "no bajaron al recinto", "no dieron quórum", etc.)
Si un país entero (y varios más, imagino, si no todos) funciona bajo semejante régimen, no veo por qué una humilde persona no lo lograría.  Ay qué lindo sería.

3 comentarios:

  1. ¿y quién toma la decisión de bajar o no al recinto?

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  2. ja, bueno me parece que la bajada al recinto no es una decisión, sino un desenlace forzoso ante la realidad que finalmente nos pone entre la espada y la pared (cuando se cansa de vernos haciendo palabras cruzadas en nuestro despacho). ¿No te parece?

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  3. Yo no bajo al recinto de la vida hace un rato. ¿Quién toma la decisión? La Inercia, un principio de lo más gauchito que nunca te cambia lo que venís haciendo.
    Lo peor es que no tengo despacho con comodidades y frigobar como para pasarla bien.

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Mis superyoes dicen