martes, 20 de julio de 2010

Run, gender, run!

La semana pasada, nuestra Cámara Civil y Comercial Federal advirtió que la religión es un dato irrelevante a la hora de conceder la ciudadanía argentina, y que por lo tanto debía ser eliminada como pregunta en los formularios correspondientes.  Si bien nadie afirmaría abiertamente que el Estado utiliza este dato para admitir ciudadanxs, nunca se había hecho nada para cambiar algo aparentemente tan simple como los casilleros de un formulario.

Pienso mucho en los casilleros de los formularios.  Es un buen ejercicio crítico: al llenar uno cualquiera, podemos mirar para qué es, y pensar punto por punto en la información que solicita: ¿por qué me preguntan esto? ¿es relevante?*  Uno de los casilleros en los que más pienso es – que no sorprenda a nadie – el que solicita descaradamente “sexo”.  ¿Para qué sirve que completemos esto? ¿Es necesario, o simplemente quedó ahí, como aquél de “religión”? ¿Y si lo sacamos? ¿El mundo seguirá girando?

¿Para qué podría necesitar quien recibe ese formulario, que le digamos un [cualquier] “sexo”?



Interrogante que nos lleva a Caster Semenya, en quien pienso cada vez que tengo que llenar ese endemoniado casillerito (y otras veces también: lo confieso).  Semenya es una joven atleta sudafricana, que el año pasado ganó la medalla de oro en el Mundial de Berlín por los 800 metros, pasando en un santiamén de pueblerina ignota a heroína nacional.  Sin embargo, el nuevo cargo no le resultó tan sencillo: inmediatamente luego de su triunfo, la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) exigió a su sede Sudafricana que ofrecieran sustento suficiente (?) de que Semenya era, en efecto, una mujer.  ¿La fundamentación? Presenta rasgos masculinos, tiene voz grave… y corre muy rápido.  Semenya no es lo suficientemente femenina como para poder recibir una medalla a la mejor corredora: tendrá que dar explicaciones.

Sudáfrica cumplió y, luego de once meses de incógnitas, la IAAF confirmó la femeneidad de Caster, y le permitió competir nuevamente [*relief*].

¿Qué pasó acá?  Nos preguntábamos en qué casos es relevante el “sexo” en un formulario; aquí tenemos un ejemplo: existen deportes que están organizados diferentemente para varones y mujeres, debido a las capacidades diferentes que generalmente tienen estos dos grupos en su desempeño físico.  Y sin embargo, personas como Semenya hacen dudar.  ¿Será que tendremos que dividirlos no en varones y mujeres, sino directamente de acuerdo con esas diferencias de capacidades? ¿Dividiremos a los deportes por niveles hormonales? Pero no, que no cunda el pánico: Semenya (y otrxs tantxs) son tan sólo fenómenos de la naturaleza; todo el resto de lxs atletas sigue estando bien posicionado de un lado o del otro – al igual que nosotrxs.
Uff, menos mal: por un momento dudé [qué miedo da dudar].

Tal como era de esperarse, las defensas que se han hecho de Semenya son tan esencialistas como los bullys de la IAAF: “No cuestionen a Semenya: ella es bien mujer”.  Nadie, por supuesto, pensó en cuestionar las reglas.  La discusión sigue siendo por Blanco o Negro: nuestros ojos no ven grises.  Semenya, por su parte, parecía mantenerse a distancia de todo el debate, no hacía declaraciones al respecto, y lo único que le importaba – bien por ella – era correr.  Hasta que…


Un día, Semenya demostró que sí, es bien mujer** ("And she loves it!").  Sólo ella sabrá si “la hicieron hacerlo” para terminar con la polémica; o si decidió ofrecerse para calmar a las fieras y no tener que dar más explicaciones; o si, quizás, fue un gesto irónico – pan y circo para la tribuna morbosa.  Lo indudable, es que esto no hace más que confirmar todo lo otro: Semenya puede ser femenina (léase: puede dejarse los rulos, ponerse un vestido y pulseras), puede ser masculina (puede correr más rápido que todas, ser más alta, hablar más grave); puede ser lo que quiera.

¿Y nosotrxs?  A fin de cuentas, habremos peleado mucho contra los naranjas, pero en el fondo seguimos practicando el mismo flagelo: Dios los hizo varón – masculino – y mujer – femenina.  Y a todos esos otros seres que creó, y que insisten en no entrar en esos dos casilleros, sólo les resta adaptarse, o perecer.

(*) Algunos datos innecesarios: “sexo” en Registro de conducir (que incluye foto).  Datos de padre y madre (nombre, apellido, documento, fecha de nacimiento y muerte) en todo tipo de formularios; Estado civil en absolutamente todos; Grupo y factor sanguíneo en formularios no médicos­.

(**) Si quedara alguna duda, puede recurrirse a las fotos de mujeres de la esquina inferior, y comparar (¡ah, pero son mujeres blancas! Qué casualidad.  Existe, por supuesto, una veta racista en este problema; este artículo lo resume brillantemente)

3 comentarios:

  1. .brillante la exposición, sin lugar a dudas

    Y si de formularios se trata, ¿será menester traer a la memoria el infamante multiple choice que al que debemos someternes en caso de querer donar sangre? En cuyo caso, cualquier hombre homosexual es (Bergoglio ya estúpidamente dixit) quasi demoníaco...

    Sobre Semenya... that gal should have run far far away from that photo shoot, baby (te lo digo sacando labio, índice al aire, cadencia queen-latifah-style). Como sea, si me ofrecen ese ponerme ese vestido y esas pulseras, yo también me hubiera dejado fotografiar. :)

    ¿pero qué clase de hombre he resultado ser?
    ...


    :)

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  2. Me encantó este post, Mmm-
    Te dejo saludos :)

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  3. lalaliru, qué buen ejemplo el de la donación de sangre, lo había olvidado. No me cabe duda de que "YOU would be lovin' it" mucho más que Semenya... ojalá algún día ella pueda andar tranquila con su voz ronca, y ud con su vestido y pulseras :)

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Mis superyoes dicen