lunes, 18 de octubre de 2010

Los bellos monstruos de Witkin


En toda indagación sobre la relación entre fotografía y monstruosidad, no tardará en aparecer el nombre de J. P. Witkin, cuyas fotografías afectan, perturban, pero no pasan desapercibidas.  Más allá de su sorprendente técnica fotográfica, esta perturbación que provoca el trabajo del fotógrafo puede servir como excusa para pensar nuestra relación con la monstruosidad de los cuerpos – los ajenos, y el propio.

Peter J Witkin Ars Moriendi
¿Por qué perturban las obras de Witkin?  Una primera respuesta, algo moderada, podría ser que lo hacen porque nos muestran aquello que no estamos acostumbrados a ver: cuerpos que habitualmente son escondidos, se nos presentan desnudos, se despliegan sin ambigüedades, sin ocultamientos.   
Sin embargo, existe otro punto interesante hacia el que pueden orientarnos las fotografías de Witkin; en particular, aquellas que consisten en recomposiciones de obras clásicas del arte occidental[1].  La puntillosa similitud entre las obras clásicas y sus retablos, hacen trastabillar el límite – que quisiéramos pensar abismal – entre belleza y monstruosidad.  ¿Son, a fin de cuentas, tan distintos los dos retratos? ¿Es tan “monstruoso” (y, por consiguiente, no bello) uno, y tan “bello” (y no monstruoso) el otro?  ¿O será que uno tiene que ser absolutamente monstruoso, para que el otro pueda permanecer inmune y absolutamente bello?  En este sentido, ya nos advirtió Donna Haraway: “los monstruos siempre han definido los límites de la comunidad en las imaginaciones occidentales”[2].

Peter J Witkin Las Meninas
Por otra parte, si de belleza se trata, las preguntas a las que nos invita Witkin tampoco cesan: ¿a qué costo se sostiene esa belleza (del sujeto)? ¿Qué es más monstruoso: la figura humana afectada por el paso del tiempo, o la búsqueda incondicional de una belleza a costas de la exclusión y el sufrimiento – no sólo de quien queda afuera, sino también del mismo cuerpo que es dolorosamente intervenido para permanecer “adentro”?
La obra de Witkin nos provoca, así, hacia el cuestionamiento de los límites entre cuerpos normales y cuerpos desviados; monstruosidad y belleza (belleza de la monstruosidad, y monstruosidad de la belleza); nosotrxs y lxs otrxs.  Quizás sea justamente interviniendo sobre estas fronteras (así como el autor interviene, raya, ensucia sus negativos) que nos acercaremos a un orden que no esté signado por aquella violenta abyección de lo otro.  Tal como anticipa Donna Haraway, este mundo será ciertamente monstruoso[3], pero es ese el mundo en el que queremos vivir.



[1] Woman Once a Bird retomando Le violon d’Ingres de Man Ray, Las Meninas sobre la obra de Velázquez, entre otros.
[2] Haraway, Donna, “A Cyborg Manifesto”, en Haraway, D., Simians, Cyborgs, and Women, Routledge, New York, 1991.
[3] “The possibilities for our reconstitution include the utopian dream of the hope for a monstrous world without gender"; monstruoso, ante todo, porque no está dentro de lo concebible en nuestro marco conceptual presente (Haraway, ibid., p. 181).

3 comentarios:

  1. Pucha, había escrito un comentario decente y se fue.
    El tema es que no conocía a Witkin, y que me ha gustado mucho esto. Voy a ver si me pego una escapada a Buenos Aires el viernes.
    Lindo tema, me encanta la cuestión estética.
    Saludos, Mmm-

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  2. Creo que el concepto final que se intenta plasmar con estas fotos es correcto.Pero me parece que fotografiar cadáveres mutilados en estado de putrefacción no refiere a dicho concepto. No tiene relación con "belleza de la monstruosidad, y monstruosidad de la belleza"; es mas bien macabro.

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  3. Anómimx, el punto que traés es muy válido y da para mucho debate. Si entiendo bien, lo presentás como una crítica a Witkin. En ese caso, habría que pensar 1) qué es macabro 2) si el ser macabro le resta mérito, y sobre todo 3) si el ser macabro invalida su "concepto final". ¿No podría ser las dos cosas? Por detrás quizás juegue el concepto que vos tengas de arte, que (al igual que con todxs nosotrxs) hace que aceptes algunas cosas dentro del juego del arte y otras no.

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