martes, 30 de noviembre de 2010

Tenedor libre / All you can eat

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Debido a obligaciones académicas, hace semanas que me la paso leyendo diversos libros, artículos y opiniones sobre sexo.  

chocolate
A medida que pasan los días, no puedo evitar pensar en aquellas personas que trabajan en una chocolatería, o en algún otro negocio de productos igualmente tentadores: siempre me pregunté si al cabo de un tiempo de trabajar entre chocolates, dejarían de sentir esa gula que nos invade a todxs cuando estamos ante algo que se presenta delicioso e ilimitado; una especie de tenedor libre de placer.

Damas, caballeros, etcéteras: Ahora sé la  respuesta.
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Compra responsable

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Campaña Ponéle Huevo contra Avícola Nuestra Huella
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viernes, 26 de noviembre de 2010

Comunidad qom Navogoh, Formosa: HOY movilización

La comunidad qom ("toba") Navogoh en Formosa está siendo brutalmente reprimida por la policía, el gobierno y una familia que quieren quitarles sus tierras. Son aberraciones que no salen en los medios y que crecen día a día.
Sugiero seguir este blog para estar al tanto de las novedades y difundir: http://comunidadlaprimavera.blogspot.com/
HOY VIERNES 26/11 a las 18 HORAS: MOVILIZACIÓN DESDE CORRIENTES Y CALLAO HASTA EL CONGRESO. Más información acá
A continuación, una carta de un activista formoseño que resume la situación.
Hola amig@s,

Les quería compartir esta noticia para que la difundan rápidamente. Ayer hubo un enfrentamiento entre un grupo de policías y unas familias tobas que estaban en un corte de ruta reclamando por tierras que legítimamente les pertenecen y que el gobierno de Formosa les quiere quitar para construir una nueva sede universitaria. El conflicto viene de hace varios meses. Los tobas reclaman esas tierras desde hace muchos años, y realmente son parte de sus tierras ancestrales. El gobierno (y una familia criolla que es muy violenta, los Celia), desconocen los reclamos tobas, que se basan no sólo en su derecho constitucional sino en leyes nacionales vigentes, como la Ley de relevamiento territorial de territorios indígenas, que prohíbe expresamente cualquier desalojo de indígenas hasta tanto se realicen los relevamientos territoriales en cada provincia, cosa que en Formosa no está ni cerca de realizarse. El gobierno provincial en ningún momento se sentó a conversar para escuchar el reclamo indígena, y varias veces amenazó con el uso de la fuerza para expulsar a los indígenas. En septiembre pasado, el juez federal Skidelsky dictó una medida cautelar prohibiendo al gobierno de Formosa continuar las construcciones que ya por la fuerza habían comenzado a realizar y con orden de no innovar. A pesar de esto, la policía formoseña nunca se retiró del predio, por lo cual lo aborígenes decidieron no moverse de la ruta, porque temían que si se retiraban la policía nuevamente tomaría posesión del predio, cosa totalmente lógica.

Lo cierto es que hay un toba y un policía muertos, muchos heridos, y más de veinte tobas detenidos. Sabemos que el dirigente toba, Felix Díaz, que había sido nombrado por el INADI hace unos meses como su representante en Formosa (como gesto simbólico del organismo federal anti-discriminación para apoyar a los tobas en el conflicto con el gobierno formoseño), ahora se encuentra escondido en el monte junto con muchos otros tobas, por temor a las represalias de la policía. Su esposa está entre los detenidos.

La policía formoseña es extremadamente violenta, torturadora y discriminadora. Hace unos 8 años, en represalia por un policía muerto por un indígena en otro enfrentamiento en que un grupito de indígenas fue atacado por policías a caballo, se tomaron represalias en una acción en la que más de 200 policías entraron una noche en un barrio toba cerca de la ciudad de Formosa, el Lote 68, entrando por sorpresa en las casas para golpear brutalmente a jóvenes y viejos, hombres y mujeres, llevar detenidos y torturar a decenas de personas, y hasta violar a una de las mujeres, al mejor estilo de la época del Proceso. Así que hay sobrados motivos para temer fuertes represalias de la policía hacia cualquier indígena que en estos días quede detenido. Por eso es importante dar difusión a esto y presionar de las maneras que cada uno pueda para que el gobierno y la policía formoseña actúen realmente de acuerdo a la justicia.

El Defensor del Pueblo de Formosa es un hombre muy opuesto a los temas indígenas (en sus declaraciones directamente culpa a los indígenas y dice que los policías fueron los atacados...), así que hay pocas instancias oficiales en la provincia en las que se pueda confiar. El gobierno de Gildo Insfrán es conocido por su corrupción y por repetidas veces sacar provecho de indígenas y campesinos pobres del interior para usurpar sus tierras en beneficio de grandes emprendimientos agropecuarios y de diversas índoles. Por eso pedimos a los que tengan conexión con organismos de defensa de los derechos humanos que se movilicen para hacer presión sobre el gobierno y la policía de Formosa cuanto antes, para garantizar los derechos de los indígenas detenidos y de cualquier otro aborigen que pueda ser involucrado en los próximos días.

Agradecemos a tod@s por su colaboración y pedimos al Dios de la Paz y la Justicia que los derechos de nuestros hermanos sean respetados y honrados en estos tiempos de mucha angustia.

Saludos,

Esteban Gonzalez Zugasti
Equipo Menonita del Chaco Argentino

jueves, 25 de noviembre de 2010

Acerca de una foto

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¿Y vos qué ves?
Yo veo una calesita iluminada, radiante aún en lo más oscuro de la noche, un portal veinticuatro horas a instantes infinitamente felices, de esos imposibles de recrear o describir (de esos en los que te mirás desde afuera, ves esa alegría que te transforma la cara, y decís: quisiera que esto no se termine nunca). Veo montones de sonrisas, una irrefrenable urgencia de los niños por abstraerse de todo y entrar en la fantasía más grandiosa (veo a las once de la noche, una familia que pasa por ahí luego de cenar, y un niño que pide pide y pide subir a la calesita, ¡no importa que sea tarde, mirá está toda andando!). Veo uno de los últimos resabios del pasado glorioso de una ciudad icónica, que supo albergar familias pasando dos meses de vacaciones, con innumerables cannolis, islas Manolo y calesitas en la plaza. (Imagino un señor que se encarga de mantener cada uno de esos detalles como si la calesita fuese suya; uno que todas las mañanas se ocupa de lustrar hasta el último rulo del último caballo del último piso de su calesita).  Veo una decoración que no pierde ningún detalle, porque nada debería ser poco cuando se trata de lxs niñxs: hagamos que la fantasía sea completa, las imaginaciones naveguen a caballo y se transporten en ese mundo que es de dos pisos pero parece infinito, como la infancia.
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Y vos… ¿vos qué ves?
Yo no… yo veo una calesita en llamas, veo el ardor de lo que se quiere olvidar, pero nunca accede a irse del todo. Veo la dificultad de explicar una y otra vez que sí, fue una infancia, pero no, no fue feliz. Veo el desocultamiento (siempre parcial) de lo perverso, lo que no se puede decir porque no existen palabras, o no se las acepta; el otro lado de lo que debería ser más lindo, más redondo, más inocente. La imposibilidad de salir de una calesita que gira y gira pero nunca llega a ningún lado: podemos dar veinte vueltas, treinta, mil millones, pero siempre vamos a estar en ese mismo lugar, y el caballito sobre el que estamos siempre va a seguir teniendo ese gesto insoportable de estar ya ya saliendo hacia un lugar mejor, que nunca llega. Una calesita en llamas quizás porque decidimos prenderla fuego, para terminar con ese círculo que nos ahoga. O tal vez una calesita en llamas porque la historia ha tomado venganza, sobre ese derroche nefasto en el que cada lamparita brilla impávida mientras a pocos metros ayer se llevaban a alguno, y hoy otro duerme en un banco de la plaza. Como sea, veo una paradoja, una ironía, la sonrisa sarcásticamente iluminada de una realidad paralela, que puede sonreírse, puede seguir girando porque no se hace cargo de lo que tiene debajo, detrás y en todas partes.
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viernes, 19 de noviembre de 2010

La Habitación de Arriba


Blanco, negro y gris.  Las mujeres elaboran un alfabeto propio, y con él una poesía, una cosmovisión y un mundo paralelo, alternativo, que a la vez acompañe y haga olvidar por un momento aquél otro: el mundo que no les deja más que un espacio tan reducido, una esquina, una ley, una máxima ineludible.
A veces, juegos de luces, canciones, danzas, abrazos - ojalá pudiéramos estar así para siempre, suspendidas en el aire, hamacándonos, sin siquiera tener que pisar ese suelo, esa realidad a la que quién quisiera volver... Qué bueno estar acompañadas, vernos entre nosotras, actuar juntas otro mundo más vivible.
Pero un día los juegos se van a suspender, se van a congelar en el tiempo, porque será hora de entrar en el otro mundo, en ese que habita el suelo hostil.  Un día, será hora de descender a la habitación de abajo.  
Ese día, además de blanco, negro y gris habrá algo de rojo, cuando la mujer debe ser entregada al varón, como una mercancía.  La mercancía debe sonreír, debe estar radiante y en forma.
¿Hay una risa, una ingenuidad, una cofradía, una candidez natural que luego se corrompe? Tal vez.  Sea natural, o sea construida con infinito esfuerzo, esa risa, esa cofradía, esos juegos serán lo que las salve.


Todo esto y otras cosas pienso al ver La Habitación de Arriba, una obra  de danza-teatro intensa y bella, de recursos simples pero sorprendentes; una puesta inteligente y  emotiva.
Puede verse todos los domingos de Noviembre a las 17 hs en el Espacio Urbano, Acevedo 460, Capital Federal. 
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viernes, 12 de noviembre de 2010

Las Ranas del verano - II

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(Segunda Parte)
Con ilustraciones de Soledad Lavagna

Los pequeños emprendedores salieron rumbo a la plaza y buscaron un lugar central pero sombreado. 
Seamisuperyo Ranas Soledad Lavagna
Mientras sus amigos dibujaban un cartel anunciando el notable producto, Morrón se debatía internamente entre su afamada creatividad y su cargo de conciencia: no le parecía apropiado mentir a compradores desprevenidos, pero tampoco podía evitar producir un manantial de historias mágicas, milagrosas o mitológicas que alimentarían la curiosidad de los transeúntes y los convencerían de que estaban ante una oportunidad innegable.

La gente comenzó a acercarse, y poco a poco el negocio empezó a prosperar.  Afortunadamente, tras saldar su transacción los clientes se retiraban, evitando así escuchar la historia que se  contaba a quienes les seguían, que indefectiblemente era otra diferente (a veces mejor, a veces peor).  Los niños se completaban mutuamente las frases y los relatos, llegando a resultados a veces disparatados pero siempre convincentes.

Quizás fue el carisma de los jóvenes comerciantes, tal vez el aburrimiento de los transeúntes, o quizás las ranas realmente tenían magia – sea como fuere, lograron vender casi todas sus resbalosas presas, y tras un par de horas ya quedaban pocas mientras los niños contaban el dinero de la caja (que hasta ese día había trabajado como costurero de la abuela de Morrón). 
   

El proceso no fue sencillo, ya que con el transcurrir del verano lo aprendido en clases se olvidaba, y tuvieron que aunar esfuerzos para poder hacer las cuentas como correspondía.  Mientras Morrón y Lemongrás discutían si el billete de veinte y el de diez hacían treinta o cuarenta, Alcaucil vio con temor cómo se acercaban los temidos vecinos de la otra calle: niños más grandes, más fuertes y más ambiciosos que ellos (pero esa tarde, sin ranas).  Intentó vanamente advertir a sus compañeros, y para cuando se dieron cuenta aquellos estaban parados al lado del puesto improvisado, observando atentamente tanto los billetes como los extraños animales.

La banda primero pidió y luego exigió que se les entregara el botín, para poder continuar con el (expropiado) negocio, del otro lado de la plaza.  Los tres pequeños ni necesitaron mirarse para concordar en que el atropello era inaceptable.  Uno de ellos guardó rápidamente el dinero en su bolsillo, y otro tomó el frasco entre sus delgados brazos mientras el tercero se abalanzaba sobre la mochila de su amigo.  Sus atacantes no estaban dispuestos a cambiar de idea, y comenzaron a forcejear hasta que pudieron apropiarse de la caja y el frasco.


Morrón, Alcaucil y Lemongrás, aplastados contra los calurosos adoquines veraniegos, no pudieron sino mirar de costado cómo los agresores se alejaban caminando con lo que no les pertenecía, y en el fondo esperaban que las ranas fueran venenosas, y atacaran fatalmente a cada uno – porque obviamente ellas se daban cuenta de que los chicos de la otra calle eran malos, y ellos no. 

*FIN* 
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jueves, 11 de noviembre de 2010

Haciendo de turista. Hoy: Recoleta.

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Tres Detalles
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biblioteca nacional buenos aires argentina

Biblioteca Nacional (argentinidad minimalista)
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cementerio de la recoleta buenos aires argentina

Cementerio de la Recoleta. Silbando esperamos.
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cementerio de la recoleta buenos aires argentina

Cementerio de la Recoleta II.  
La naturaleza sigue viva: a ella no le importa que eso sea un cementerio.
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(posteo en parte porque ya no soportaba ver esa imagen nefasta cada vez que entraba a mi propio blog)
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lunes, 8 de noviembre de 2010

La alegría es otra cosa

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Hace unos días, discutíamos con algunxs colegas intentando comprender esto de que ante el fallecimiento de NK cierta gente festejó y declaró sentir algo que describían como "alegría".  Yo confesé que me costaba entender cómo la alegría podía relacionarse con una muerte, sea de quien sea.  Y esto, no porque me parezca que la vida es sagrada, o que al morir alguien se convierta automáticamente en intocable.  Tampoco porque venerase particularmente la figura de nuestro ex presidente.  Mi afirmación pasaba por otro lado, y hoy resurge con la muerte de una de las figuras más nefastas y perversas que conoció la historia argentina: Emilio Massera. 
De hecho, en algún momento de la conversación alguien desafió: "¿Cómo que una muerte no puede causar alegría? Cuando muera Videla, ¿no nos vamos a alegrar?".  Mi respuesta vuelve hoy (si se me permite parafrasear): no, la alegría es otra cosa.
Alegría, en estos casos, sería lo que sentiríamos si el equilibrio se reinstaurase, si lo que era injusto dejase de serlo, si fuera compensado de la mejor manera posible - que en casos como este, por otra parte, nunca será suficiente.  La hybris de un monstruo desarma nuestro esquema de lo comprensible, y hasta que no llegue su nemesis, no hay nada para festejar.
¿Pero y si la hybris no se paga nunca?
No me hace feliz que haya muerto Massera, porque se fue sin haber pagado ninguna de sus culpas.  Porque no me cabe ninguna duda de que su conciencia estaba tranquila, y la llevaba seguramente no como un peso, sino como un orgullo.  No me alegra, porque cuando una persona fallece, su imagen se congela y comienzan a salir a flote desde lo más hondo de las cloacas, todo tipo de relatos que eligen olvidar o justificar lo inaceptable. 
No puedo sentir alegría sabiendo que en vida no tuvo el castigo que merecía.  Al menos nos aseguraremos de que tras su muerte, nuestra memoria sea su castigo.
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Las Ranas del verano - I


(Un cuento en dos partes)
Con ilustraciones de Soledad Lavagna


Los veranos, que para las personas grandes pueden parecer cortos, para un niño de ocho años son una eternidad, toda una vida  - que se termina de repente, cuando los padres anuncian que es hora de ir a comprar los útiles para la escuela que está por comenzar.  Así era, al menos, para Morrón, un niño brillante aunque algo tímido que pasaba sus veranos en casa de su abuela, lejos de acá pero a sólo cuatro cuadras del mar.  Morrón tenía mucho pelo, siempre revuelto; también tenía muchas ideas, y siempre llevaba alguna frutilla en las piernas, producto de su irrefrenable curiosidad. 
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En los veranos, el pueblo era de ellos: de Morrón, y de sus dos amigos veraniles, Alcaucil y Lemongrás (sí, en la tierra de Morrón, todxs lxs niñxs llevaban nombres de productos de la naturaleza).  Un mediodía, mientras su abuela (y todas las abuelas del pueblo, y de otros pueblos, y de otros tiempos) dormía la siesta, Morrón se encontró con sus amigos y juntos emprendieron una soleada caminata al borde del río.  Era de esos días en que de la tierra sale el calor, y torna borrosa la distancia.  

Los niños encontraron en el río que alimentaba el mar flores azules, mariposas naranjas y – escondidas, algo temblorosas - unas pequeñas ranitas con rayas rojas y pintitas amarillas.  Nunca habían visto una cosa semejante: sí ranas verdes con marrón, otras marrones con negro, a veces unas medio azuladas, pero nunca en la vida ranas con rayas rojas y pintitas amarillas (muchas pintitas).
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Los tres amigos lograron capturar algunas de entre las más pequeñas, y las guardaron en la mochila de Lemongrás (mochila que, aunque algo viejita, cargaba la envidia silenciosa de sus dos compañeros), previamente empapada en agua, imaginando que así los animales se sentirían más a gusto.
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Llegados al patio de la casa de Morrón, pasaron las ranas a un gran frasco y se sentaron alrededor del botín, discutiendo qué hacer con él.  El calor, que seguía agobiándolos, no les impidió producir una catarata de ideas de todo tipo acerca del destino de sus presas: que carreras con apuestas, que platos suculentos, que vivisección, que chascos para asustar a las chicas más lindas del pueblo, o simplemente guardarlas como mascotas, con correa y todo.  

Finalmente, los niños optaron por llevar el frasco a la plaza central, buscar algún lugar altamente transitado y venderlas a paisanos y turistas.  El precio fue largamente debatido, hasta que llegaron a una compleja fórmula que incluía una comparación con el valor de diversas golosinas, un cálculo de necesidades básicas (gaseosas, helados y figuritas) que saldarían con las ganancias, y una división equitativa entre los tres*. 

-CONTINUARÁ-

(*)Lemongrás no se privó de un fugaz intento por llevarse un porcentaje mayor, por haber sido quien posibilitara el transporte con su húmeda mochila.  Sin embargo, ante la hostilidad de sus compañeros prefirió abandonar la idea rápidamente.
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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Por las dudas

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El otro día, alguien me comentó una idea que tuvo, que sin dudas el día de mañana le va a valer un Premio Nobel - como mínimo.  

Por razones obvias no puedo revelar la idea, pero de todos modos aviso, para que después nadie diga que lo inventé.

A los 02 días del mes de noviembre del año 2010: 
Comuniquese, notifiquese, difundase y archivese. 
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lunes, 1 de noviembre de 2010

XIX Marcha del Orgullo

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Una vez más, con el comienzo de noviembre llega la Marcha del Orgullo LGBT, que desde hace casi veinte años se celebra en Buenos Aires el primer sábado del mes.
Este año más que nunca, la marcha llega con su doble objetivo de celebración y lucha.  Celebración, porque ha sido un año de avances impensados para la comunidad LGBT, gracias al empuje de cientos de activistas del país, junto con la colaboración regional, y el apoyo del gobierno nacional.  La modificación del Código Civil para ampliar el matrimonio a todas las personas, la inclusión en el Censo Nacional de las parejas del mismo sexo y el respeto del nombre elegido por la persona censada, este mismo respeto en varias instituciones nacionales y provinciales, son algunos ejemplos positivos.
Pero también es una marcha de reclamos, de exigencias y de activismo para seguir cambiando las cosas.  Porque este año fue muerta Natalia Gaitán, a plena luz del día y en manos de la familia de su pareja; porque la agresión verbal y física sigue vigente en todos los rincones del país, ante todo en instituciones que deberían proteger a las personas violentadas.   Porque la violencia que tuvimos que enfrentar a lo largo del debate por el Matrimonio Igualitario no tiene nombre, número ni adjetivo posible para calificarla. Y porque las personas trans aún tienen que rendir cuentas de su sexualidad y su corporalidad, a cada paso y en cada momento - por eso, este año, la marcha se moviliza para reclamar una nueva Ley de Identidad de Género.
Es cierto que una ley de Matrimonio no hace que todas las parejas puedan ir de la mano por la calle, así como una ley de Identidad de Género no hace que las personas trans sean respetadas en sus lugares de trabajo o su vida cotidiana.  Pero una ley es una buena manera de empezar un camino que es largo y arduo, pero necesario. 
A nosotrxs, ciudadanxs de a pie, personas (lgbt o no) que imaginamos otros mundos posibles, y mejores, nos toca el trabajo de hormiga de cambiar hábitos arraigados, prejuicios, odios de orígenes ya olvidados.  También la tarea de elegir responsablemente a nuestrxs representantes, a exigirles lo que prometen, y a colaborar desde donde podemos sin suponer que la política suceda solamente dentro del parlamento.  
Y este sábado nos toca la grata tarea de festejar, y la no tan grata - pero sí energizante - tarea de exigir (y construir) un país para todxs.
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El año pasado, al convocar a la Marcha me pareció importante resaltar acá por qué considero que es importante ir, y que vayamos todxs, más allá de la adhesión política
- y más allá del género de las presas que busquemos un sábado a la noche :)
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