viernes, 19 de noviembre de 2010

La Habitación de Arriba


Blanco, negro y gris.  Las mujeres elaboran un alfabeto propio, y con él una poesía, una cosmovisión y un mundo paralelo, alternativo, que a la vez acompañe y haga olvidar por un momento aquél otro: el mundo que no les deja más que un espacio tan reducido, una esquina, una ley, una máxima ineludible.
A veces, juegos de luces, canciones, danzas, abrazos - ojalá pudiéramos estar así para siempre, suspendidas en el aire, hamacándonos, sin siquiera tener que pisar ese suelo, esa realidad a la que quién quisiera volver... Qué bueno estar acompañadas, vernos entre nosotras, actuar juntas otro mundo más vivible.
Pero un día los juegos se van a suspender, se van a congelar en el tiempo, porque será hora de entrar en el otro mundo, en ese que habita el suelo hostil.  Un día, será hora de descender a la habitación de abajo.  
Ese día, además de blanco, negro y gris habrá algo de rojo, cuando la mujer debe ser entregada al varón, como una mercancía.  La mercancía debe sonreír, debe estar radiante y en forma.
¿Hay una risa, una ingenuidad, una cofradía, una candidez natural que luego se corrompe? Tal vez.  Sea natural, o sea construida con infinito esfuerzo, esa risa, esa cofradía, esos juegos serán lo que las salve.


Todo esto y otras cosas pienso al ver La Habitación de Arriba, una obra  de danza-teatro intensa y bella, de recursos simples pero sorprendentes; una puesta inteligente y  emotiva.
Puede verse todos los domingos de Noviembre a las 17 hs en el Espacio Urbano, Acevedo 460, Capital Federal. 
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