lunes, 1 de noviembre de 2010

XIX Marcha del Orgullo

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Una vez más, con el comienzo de noviembre llega la Marcha del Orgullo LGBT, que desde hace casi veinte años se celebra en Buenos Aires el primer sábado del mes.
Este año más que nunca, la marcha llega con su doble objetivo de celebración y lucha.  Celebración, porque ha sido un año de avances impensados para la comunidad LGBT, gracias al empuje de cientos de activistas del país, junto con la colaboración regional, y el apoyo del gobierno nacional.  La modificación del Código Civil para ampliar el matrimonio a todas las personas, la inclusión en el Censo Nacional de las parejas del mismo sexo y el respeto del nombre elegido por la persona censada, este mismo respeto en varias instituciones nacionales y provinciales, son algunos ejemplos positivos.
Pero también es una marcha de reclamos, de exigencias y de activismo para seguir cambiando las cosas.  Porque este año fue muerta Natalia Gaitán, a plena luz del día y en manos de la familia de su pareja; porque la agresión verbal y física sigue vigente en todos los rincones del país, ante todo en instituciones que deberían proteger a las personas violentadas.   Porque la violencia que tuvimos que enfrentar a lo largo del debate por el Matrimonio Igualitario no tiene nombre, número ni adjetivo posible para calificarla. Y porque las personas trans aún tienen que rendir cuentas de su sexualidad y su corporalidad, a cada paso y en cada momento - por eso, este año, la marcha se moviliza para reclamar una nueva Ley de Identidad de Género.
Es cierto que una ley de Matrimonio no hace que todas las parejas puedan ir de la mano por la calle, así como una ley de Identidad de Género no hace que las personas trans sean respetadas en sus lugares de trabajo o su vida cotidiana.  Pero una ley es una buena manera de empezar un camino que es largo y arduo, pero necesario. 
A nosotrxs, ciudadanxs de a pie, personas (lgbt o no) que imaginamos otros mundos posibles, y mejores, nos toca el trabajo de hormiga de cambiar hábitos arraigados, prejuicios, odios de orígenes ya olvidados.  También la tarea de elegir responsablemente a nuestrxs representantes, a exigirles lo que prometen, y a colaborar desde donde podemos sin suponer que la política suceda solamente dentro del parlamento.  
Y este sábado nos toca la grata tarea de festejar, y la no tan grata - pero sí energizante - tarea de exigir (y construir) un país para todxs.
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El año pasado, al convocar a la Marcha me pareció importante resaltar acá por qué considero que es importante ir, y que vayamos todxs, más allá de la adhesión política
- y más allá del género de las presas que busquemos un sábado a la noche :)
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