martes, 15 de abril de 2014

Cosas para no odiar el mundo


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En estos días de estupidez supina, mala leche y pura y simple maldad encarnizada, es muy difícil andar por la vida sin odiar a todo y a todos (y todas).
Personalmente, siempre intenté mantenerme del lado luminoso de la Fuerza; pero a veces cuesta resistir el impulso destructivo hardcore.  Hay, sin embargo, algunas cosas que podemos recuperar para poder seguir teniendo ganas de despertarnos por las mañanas - al menos la cantidad suficiente de ganas como para llegar a la cocina y el consiguiente café con leche rico que reavive las esperanzas en el mundo.  Pensemos:
*A la gente malvada o mala leche no le duran los amigos.  Esto puede parecer una trivialidad propia de sobrecito de azúcar (la amistad es importante para la vida, bla bla), pero en realidad conlleva consecuencias de vital importancia para gente interesada como uno/a.  No conservar amistades significa que nunca les devuelven los libros, ni la plata, ni los favores; nunca tienen a alguien al lado con quien puedan recordar viejas anécdotas compartidas, o sacarle el cuero a gente que hace mucho que no ven (o que ven luego de mucho tiempo y pueden decir: ¡mirá lo hecho mierda que está!); no pueden llamarlos para preguntarles por esa receta que una vez les había gustado tanto. Y, principalmente, no tienen con quién sentarse a lamentarse de que antes todo era mucho mejor y éramos más jóvenes, teníamos más energía y nos importaba todo un carajo.  Los amigos nuevos me conocen en este estado lastimoso que porto; los de hace tiempo me conocieron en mis días gloriosos, y siempre es bueno tener a mano alguien que nos recuerde que esos tiempos no fueron una ilusión óptica.
Viejo berrinchero por Alain Versa
*La gente estúpida a la que me refiero acá no es la que está falta de formación o de capacidades intelectuales supuestamente elevadas, sino aquella que va por el mundo como un elefante en un bazar y arruina todo lo que encuentra a su paso, por falta de lucidez.  Esta gente no se da cuenta de que es estúpida - en general, de hecho, se creen re bananas.  Pero nosotros sí nos damos cuenta. Y lo comentamos. Les ponemos apodos, nos reímos de ellos, inventamos chistes que los tienen como protagonistas.  No nos reímos con ellos (generalmente no entienden nuestro humor); sí nos reímos de ellos - y nos encanta.
*Últimamente encuentro que la gente estúpida, mala leche o malvada tiende a albergar también algún otro tipo de vicio, que más temprano que tarde les significa un dolor de cabeza, y/o nos exime a nosotrxs de sufrir su existencia.  Una persona que es mala pero vaga, no puede llevar adelante su plan maestro porque le gana la pereza; otra es imbécil y ambiciosa, entonces entra como un caballo en cualquier chanchullo mínimamente tentador, y como un caballo termina; una es forra pero vanidosa, y se pasa tanto tiempo en la cama solar que se quema como un tostado de jamón y queso.
*La gente malvada o mala leche suele tener un importante acceso a recursos materiales, lo cual les priva de pequeños placeres que en esta casa se viven casi a diario, tales como: dormir abrazados para aguantar el frío de la noche, festejar bailando (sic) cuando finalmente se prende el calefón, sentirse un rey cuando se encuentra alguna buena oferta (y de paso llamar a nuestrxs amigxs para contarles, y nos quedamos charlando, y somos más felices aún), pasarse entre gente conocida muebles, ropa y objetos que ya no se usan y darles nueva vida (ir a la casa de un amigo, y volver con un souvenir), ir por la calle en bici o transporte público y cruzarse a alguien conocido y hacer gran algarabía (¿cuándo se vio que alguien que va en auto se cruce con alguien conocido y se quede charlando?), temblar 7.0 grados de la escala Richter de alegría cuando se encontramos 50 pesos en el bolsillo de un pantalón... y muchas cosas más.
*Más allá de todo esto, existen cosas maravillosas que pueden asistirnos en la recuperación del amor hacia la vida: el nutella y prácticamente cualquier cosa con contenido calórico elevado, los árboles y las plantas, la música, y así (cada quién tendrá los suyos).

Gomazo de realidad por Las Aventuras del Hombre Cursi

Pero divago: me estoy yendo hacia el terreno hiperpoblado de la cursilería, que exime de toda culpa tanto a los mortales que nos rodean, como a nosotros mismos.  Volvamos al tema, y vayamos directamente a lo más importante:
Uno: Siempre puede suceder que la gente estúpida un día mire para atrás y se dé cuenta de que desperdició su vida siendo imbécil.  Este es mi primer gran consuelo. En ese momento, van a sentir de un saque y de manera mucho más irrecuperable todo el malestar que nosotros sentimos distribuido en dosis homeopáticas a lo largo de nuestras vidas.
Dos: En el momento en que se termine el mundo, cuando la tierra se aplaste contra el sol y todo se condense en un único punto súper denso, todo esto va a ser absolutamente irrelevante. Este es mi segundo gran consuelo, y el motivo de fondo por el que me reconcilié con el mundo.

Ahora voy a buscar un prado con flores en el que saltiquear, permiso...

domingo, 16 de febrero de 2014

días difíciles

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Derrick Chow - The Great Kaiju Hunt

 
Hay cosas que sólo pueden transitarse con la ayuda de amigxs.



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sábado, 15 de febrero de 2014

otra vez sopa


ºooOOOooº

otra tesis.
esta vez, lo único que quiero es que sea entretenida de leer,
y bella.
y que se termine. 

que la fuerza me acompañe.

ºooOOOooº

sábado, 25 de enero de 2014

lo confieso

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en verano, cuando la temperatura gusta de derretir la cobertura de los alfajores
y desparramarla por todo el paquete...

cuando termino un alfajor, dedico un rato a abrir por completo el envoltorio, 
inspeccionarlo en busca de chocolate adherido,
y raspar lo que corresponda.

¡ningún treintaysietegrados va a venir a sacarme a mí ni un miligramo de chocolate!
¡no pasarán!
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